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Balance general del presidente Iván Duque 

Después de cuatro años de gobierno, la calificación final del mandato del actual presidente Duque no es ni unívoca ni definitiva. Foro Javeriano trae a colación un análisis objetivo sobre los logros y desaciertos del mandatario.

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Por:  Alejandra Lucía Vélez Bellini

El presidente Iván Duque ha enfrentado ya los mayores desafíos de su mandato ¡Y qué magnitud de desafíos! Una pandemia cuya dimensión no se había visto desde la gripe española y una violenta protesta que involucró a la mayor parte del país. Presenciando la recta final de su mandato, lo mejor que podemos hacer es analizar las fallas y los aciertos en su periodo presidencial.

Iniciaré resaltando unos cuantos logros que, a mi parecer, ameritan ser mencionados. Lo primero es el Estatuto de Protección Temporal a Migrantes, el cual se enfoca en la búsqueda de una estrategia propositiva y amable con los migrantes y se acompaña de un fortalecimiento de Migración Colombia. Esto demuestra que el país ve en la migración un proceso positivo. Actualmente tenemos cuatrocientos quince mil migrantes en el régimen subsidiado de salud. Además de resolver o aclarar la situación política de millones de personas que se han visto en la obligación de buscar nuevas oportunidades en otro país.

En segundo lugar, está el manejo de la pandemia. Ante una situación de alto nivel de incertidumbre y estrés, se tomaron una serie de decisiones que, si bien se pueden discutir, en su conjunto constituyeron una estrategia aceptable que mantuvo el país a flote. Se duplicaron las unidades de cuidado intensivo: iniciaron con cinco mil cuatrocientas unidades y ahora van por más de trece mil. Se han saneado $8,9 billones de deudas históricas del sistema de salud a través de la Ley de Punto Final y hay más de diez millones de consultas que son virtuales o domiciliarias versus un millón que teníamos al inicio del gobierno. Más del 60% de la población está vacunada. Y si bien se han perdido muchas vidas y no tenemos forma de saber los contras factuales, el manejo de la pandemia pudo ser mucho peor.

Tercero, la combinación de distintos programas ha generado en su conjunto una política pública con resultados importantes. Es el gobierno que más inversión social ha hecho en transferencias económicas para los más vulnerables y el que más ha expandido la red de beneficiarios, al punto de que Jóvenes en Acción pasó de 126 mil a tener más de 540 mil y ha logrado, solo en Ingreso Solidario, más de 3 millones de hogares beneficiados. Pasamos de 3,3 millones de hogares beneficiarios de programas sociales a 9 millones. Es un aumento enorme de la red de protección social. Y no estoy contando los 4,1 millones de empleados formales que recibieron subsidio de 40 o 50% el salario mínimo legal mensual a través del PAEF. En todo caso, es necesario resaltar que la mayoría de estas acciones eran necesarias para solucionar los efectos nocivos que tuvo la pandemia en diversos sectores.

Cuarto, el fortalecimiento del DANE. La entidad ha fortalecido su rigor, su capacidad de enfrentar situaciones cambiantes como la pandemia, con ampliación y mejora de productos existentes e innovaciones metodológicas que han contribuido a entender el país en medio de las incertidumbres.

En el quinto lugar están las energías renovables. Estamos viendo un importante aumento en la capacidad instalada en estas fuentes lo cual contribuye a fortalecer la matriz energética del país. Ahora Colombia cuenta con veinte granjas solares, incluida la de la planta La Sierpe recientemente inaugurada en el municipio de San Benito Abad (Sucre), la cual cuenta con 65.520 paneles solares que abarcan sesenta y cinco hectáreas. La megagranja generará 4.280.000 kilovatios por mes, proporcionando así la energía suficiente, equivalente a la necesaria para abastecer a 28.500 hogares durante treinta días. En comparación con agosto de 2018, esta Nación tiene ahora veinticinco veces más energía renovable. No todos los proyectos se concluirán este año, puesto que hay doce proyectos que avanzarán en el segundo semestre de 2023 y, después de agosto, el país alcanzará a tener el año entrante un total de 4.584,3 megavatios. Se trata de un crecimiento exponencial que evidencia el hecho de que, en el gobierno de Iván Duque, la capacidad instalada de energías renovables se multiplicó por 100. Lo logrado es digno de ser reconocido.

Ahora bien, la macroeconomía, que usualmente ha funcionado bien en el país, será entregada en un nivel de precariedad enorme. El legado de Duque será el gran déficit en la cuenta corriente y en materia fiscal, una tasa de desempleo mayor a la que recibió, una inflación desbordada y una deuda pública desatada. Pero frente a este punto hay varias cosas que hay que mencionar. Primero, la inflación en este momento es un fenómeno mundial, no únicamente de Colombia, y es causada por fenómenos exógenos como los altos costos de fletes de logística y la escasez de contenedores para abastecer distintos mercados. En el caso colombiano, este gobierno es el que más ha fortalecido el poder adquisitivo de los trabajadores del país gracias al aumento real del salario mínimo realizado bajo la premisa de darle ese reconocimiento al trabajador y se hizo de la mano con el sector privado. Frente al desempleo se ha recuperado más del 90% del empleo que se perdió en el 2020 como consecuencia de la pandemia. Finaliza con la misma cifra de noviembre 2021 que es de casi el 11%.

Es necesario resaltar que en el gobierno del presidente Iván Duque a lo que más le atribuyen sus desacertadas decisiones es que, a la hora de nombrar a funcionarios de alto nivel o intermedio, prima más que la meritocracia, el parentesco, las relaciones afectivas y, por supuesto, la cercanía con su partido el Centro Democrático. No se puede negar que el nepotismo, amiguismo y endogamia han sido recurrentes.

Otra crítica es el deterioro del orden público y el grueso de los indicadores de seguridad. El país había avanzado es este tema desde el 2002, pero la incompetencia de los ministros y del propio jefe de Estado nos ha llevado a una situación donde los ciudadanos se sienten, de nuevo, sin posibilidades de protección por parte de la fuerza pública. Colombia no está en un buen puesto en el ranking de paz global, (puesto número ciento cuarenta y cuatro), por lo que puede considerarse un país peligroso. Ha empeorado su posición, ya que en 2020 se ubicaba en el puesto ciento cuarenta.  Además, obtuvo 2,694 puntos en el Índice de Paz Global (Global Peace Index) que publica el Institute for Economics and Peace, con lo que empeora su puntuación respecto al informe de 2020, en el que obtuvo 2,632 puntos. Este indicador mide el nivel de paz y la ausencia de violencia en un país. Además, un estudio internacional de Global Initiative Against Trasnational Organized Crime ubica a Colombia como el segundo país del mundo con mayores índices de criminalidad.

En cuanto a la lucha contra los grupos armados, se desmantelaron los ‘Caparros’, los ‘Pelusos’, los ‘Puntilleros’ y la estructura de mando del Clan del Golfo. Se han golpeado los principales cabecillas de las disidencias en todo el país. Se han realizado las mayores incautaciones de droga que ha alcanzado Colombia. Solo este año se destruyeron más de cinco mil seiscientos laboratorios, cumpliendo la meta de erradicación planteada por el gobierno.

Otro gran debate es el proceso de paz. El gobierno sólo impulsó uno de los cinco puntos del Acuerdo de Paz: la reincorporación. No obstante, atacó de frente a la JEP, las curules de paz, el tema de tierras y no construyó un diálogo institucional fluido con la dirigencia de la otra parte del acuerdo. Y sin mencionar el asesinato de más de trescientos firmantes en estos últimos años.

Este texto se podría extender innumerables líneas más, pues es mucho lo que uno puede analizar después de cuatro años de gobierno. Desprendiéndose de radicales posiciones y sesgos políticos en un caldeado ambiente de polarización, hay que enfatizar el uso de las herramientas brindadas por las instituciones públicas: la información. Los datos no mienten. Por eso invito a que profundicen la información brindada y creen sus propias deducciones basándose en elementos objetivos, verificables y cuantificables.