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“Hay que apostar por la construcción de consensos, siempre respetando las diferencias, pero nunca las desigualdades”.

​Óscar Iván Zuluaga: un hombre de consensos 

Óscar Iván Zuluaga nos cuenta sobre su recorrido en el sector público y privado, sobre su paso por el colegio y la universidad, sobre su noviazgo, por medio de cartas, con su esposa Martha Ligia, y hasta nos responde qué admira a Gustavo Petro.

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Por: Camila Solano  

FJ: Óscar Iván nació en Pensilvania, Caldas, y allá vivió parte de su infancia. Después fue concejal en 1988, y en 1990 fue alcalde de este municipio. ¿Qué añora de Pensilvania?

 

OIZ: Pensilvania, para mí, no sólo es el lugar donde nací, sino donde mi familia empezó a conocer su línea de negocio y trabajo. Fue donde aprendimos valores esenciales que me han servido para proyectar mi carrera pública. En 1988 fui concejal y esto coincidió con la elección popular de alcaldes en Colombia. En ese momento inicié una carrera política en mi municipio.

 

FJ: ¿Cuál fue su mayor reto como alcalde?

 

OIZ: Mi mayor reto era demostrar que se podían hacer las cosas, aún con pocos recursos y bajo una premisa: la transparencia. Siempre nos guió un propósito: que las acciones de trabajo del gobierno mejoraran las condiciones de vida y redujeran la pobreza. Por eso, se armó una estrategia que tuvo resultados cuantificables y medibles, en solamente dos años.

 

FJ: Estudió en el Liceo Cervantes y, posteriormente, Economía en la Universidad Javeriana. ¿Cómo fue su paso por el colegio?

 

OIZ: Era un colegio reconocido y de un alto nivel académico. Me enseñó la disciplina y el rigor del estudio y del trabajo, las bases para entrar a la universidad. La formación en matemáticas, que era fundamental, me sirvió muchísimo para mi formación como economista. También promocionaban mucho el deporte y las actividades de integración.

 

FJ: ¿Recuerda alguna anécdota en especial?

 

OIZ: Yo fui muy bajito hasta los dieciséis años y me hice un tratamiento porque tenía un retraso en el desarrollo. En el colegio hacían unas jornadas de deporte y nos formaban por estatura. Estaba en cuarto de bachillerato, pero terminaba con los más bajitos. Era duro ver que todos mis compañeros tenían cierta estatura y yo no. Pero nunca me dejé amilanar para participar activamente y esta situación también formó mi capacidad de resistir y de no dejarme acobardar.

 

FJ: ¿Cómo fue su primer día en la Javeriana?

 

OIZ: Como el de un primíparo… me fui de corbata. En ese momento era mi mayor desafío porque iniciaba mi vida como profesional. Fue muy emocionante y de mucha expectativa. Sentía que había logrado algo propio por primera vez: llegar a la universidad.

 

Oscar Iván hizo su tesis de grado con Fernando París y participaron en un concurso de ANIF, el Centro de Estudios Económicos. El trabajo fue meritorio de una beca parcial y un crédito del ICETEX para estudiar en el exterior. Zuluaga escogió la Universidad de Exeter en Inglaterra e hizo una maestría en Economía de Inversión y Finanzas.

 

FJ: Más adelante fue Senador de la República, ¿cuál cree que fue su mayor aporte como Senador?

 

OIZ: El trabajo político que había hecho hasta el momento lo lideraba mi gran amigo Luis Alfonso Hoyos. Yo era la persona que lo apoyaba y lo acompañaba, desde el sector privado. Diferentes circunstancias llevaron a que yo asumiera la decisión de lanzarme al Senado, porque Luis Alfonso no pudo. El no tener representación en el Senado, significaba acabar con el proyecto político que habíamos construido desde Pensilvania.

Entré a la Comisión Séptima, de asuntos sociales, porque era la que me permitía conocer sobre los problemas sociales del país, y así fue. Me convertí en el eje del Gobierno al interior del Senado. Construí una relación con diferentes grupos y actores políticos, pues la Comisión Séptima era en la que había más participación de sectores de la izquierda radical.

 

FJ: Qué interesante poder lograr consensos entre la izquierda y la derecha, por un fin mayor, que es el fin social…

 

OIZ: Sí, sobre todo resalto la capacidad de respetarse. Nos respetábamos profundamente y teníamos una relación profesional ideal. En la Comisión estaban Piedad Córdoba, Jesús Bernal, el padre Hoyos y Luis Carlos Avellaneda, que eran líderes sindicales y de sectores de izquierda. Para mí fue muy interesante poder discutir y fue una gran lección de vida. Entendí que hay que apostar por la construcción de consensos, siempre respetando las diferencias, pero nunca las desigualdades.

 

FJ: Fue ministro de Hacienda durante el segundo Gobierno de Álvaro Uribe y por eso fue reconocido como el ministro del Año en América Latina. En ese momento, tenía como reto sostener el crecimiento que traía la economía, manejar la relación con el Congreso y la negociación con el TLC, pero en la mitad del Gobierno de Uribe, el mundo sufrió la crisis económica del 2008. ¿Cómo lo resolvió en ese momento?

 

OIZ: Económicamente, en el segundo Gobierno de Uribe, el país venía bien y tenía buenas cifras. Pero en el 2008 - 2009 enfrenté dos hechos muy delicados: la crisis más profunda de la economía global y la ruptura de relaciones diplomáticas con Venezuela, que era el principal destino de las exportaciones de Colombia. Entonces, era un doble reto que implicaba un manejo económico audaz, con mucha inteligencia, para poder proteger la economía. Colombia fue uno de los países que mejor manejó la crisis; el 2009 tuvo un crecimiento positivo y por eso hubo ese reconocimiento de la comunidad internacional. En esa época a mí me tocó manejar un problema de inflación como el que hay hoy. La inflación llegó a niveles del 8% anual, algo similar a lo que está ocurriendo. También hubo un choque muy fuerte en el precio de los alimentos y el petróleo, que llegó a estar a 140 dólares el barril.

Hoy tenemos un escenario diferente, porque es un país más endeudado, con dificultades en materia fiscal y que enfrenta un choque mundial. Entonces, hay que tener un enorme cuidado para el manejo de la economía, más en un país donde hay un alto índice de inflación en los alimentos, que hace mucho más pobres los hogares y deteriora los ingresos. Eso al final se traduce en un conflicto social mayor.

 

FJ: ¿Cómo resolvería la problemática económica de hoy en día?

 

OIZ: Yo diría que con tres estrategias. La primera es que el Banco de la República debe tener independencia para tomar las decisiones en materia de tasas de interés. Hoy una propuesta como la de Petro es una amenaza. Lo segundo es entender las necesidades del sector agrícola y la importancia de su transformación. Esta crisis nos deja muchos retos, como abaratar la producción de alimentos, mejorar las vías, la tecnología y manejar el costo de insumos. Tiene que haber una política integral ambiciosa que le permita a Colombia ser un país que produzca más con menores costos, incluso para poder proveer alimentos al mundo. La tercera estrategia es dar un apoyo económico, así sea transitorio, a los sectores más vulnerables. Por ejemplo, por la alta inflación, en países como España, Alemania y Francia, están decretando ayudas transitorias para los hogares, ante el crecimiento de los precios de alimentos, energía y petróleo. Entonces Colombia debería dar un apoyo para evitar que se debiliten las condiciones de vulnerabilidad.

 

FJ: Como lo dice usted, el campo es fundamental para esta crisis, tanto económica como de alimentos, lo que significa un gran reto. En una entrevista con Tola y Maruja usted comenta que sembró fríjol y que no le fue bien. Los agricultores se juegan mucho en una siembra. ¿Cómo se puede mejorar esa situación del campesino colombiano?

 

OIZ: Tenemos una deuda muy grande con el campo colombiano. En el campo viven cerca de once millones y medio de personas y es donde menos oportunidades hay. El cambio climático ha reducido los alimentos a nivel mundial y Colombia es considerado por la FAO como uno de los cinco países que puede proveer comida a nivel mundial por su riqueza. Entonces, se deben crear políticas que prioricen el sector agropecuario, por ejemplo, en comunicaciones e internet, educación, emprendimiento y empoderamiento de la mujer rural; las mujeres en el campo tienen un enorme conocimiento. Colombia puede volverse una despensa en el mundo.

 

FJ: Su tercera propuesta para la crisis económica actual es dar una ayuda monetaria, así sea transitoria, a las personas más vulnerables. Algo que usted ha dicho es que el capitalismo salvaje ya no puede existir; se necesita un capitalismo social para que perdure…

 

OIZ: Así es. El capitalismo es lo único que puede sacar al mundo de la pobreza. Está demostrado que es un sistema imperfecto, pero es el menos malo de todos. Se debe replantear. Colombia crece, pero ese crecimiento no permite un mejoramiento de los ingresos y de los salarios en los sectores bajos, lo que crea brechas y desigualdades. Por eso se debe tener un modelo de crecimiento que vaya orientado a mejorar los ingresos de los hogares colombianos.

 

FJ: En una entrevista en El Mundo, su esposa, Martha Ligia Martínez, comenta que se conocieron en un foro en Barranquilla y después tuvieron un noviazgo por carta. ¿Cómo fue? ¿Todavía tienen esas cartas?

 

OIZ: Sí, es como el libro de Darío Jaramillo, Cartas Cruzadas. Más o menos esa puede ser nuestra historia. En la Universidad fui parte de una organización mundial de estudiantes y después de graduarme, fui a un evento en Barranquilla como capacitador. Ahí conocí a mi señora Martha Ligia y desde ese momento tuvimos una relación que conservamos hoy. Nos separamos dos veces porque me fui a Inglaterra y hoy llevamos treinta y cuatro años de matrimonio. Cuando estuvimos separados, yo le escribía casi que una carta diaria, no fallaba. Las guardamos en un baúl y un par de veces nos hemos sentado a mirar y a recordar la historia que está reflejada en las cartas.

 

FJ: ¿Qué admira de Martha Ligia?

 

OIZ: Como buena barranquillera, su alegría y su espontaneidad. Es positiva y tiene una enorme capacidad para hablar y encontrar soluciones. Es bonita en todo el sentido de la palabra. Me transmite seguridad y confianza. Hemos construido un proyecto de vida alrededor de la fe.

 

FJ: Su hijo David tiene un podcast que hace con Octavio Galvis, Urbi et Orbi, en el que desmenuzan la filosofía y la hacen comprensible para todos…

 

OIZ: Bueno, hay capítulos muy difíciles. A veces toca repetirlos y tomar nota. Es un recorrido interesante por la historia y la humanidad. El del ocio es muy interesante porque rompe paradigmas. (Este capítulo de Urbi et Orbi habla del libro Ocio: la base de la cultura, escrito por Josef Pieper. Describe al ocio como aquellas actividades que ensanchan el espíritu y no son un medio para llegar a algo, sino un fin en sí mismo).

 

FJ: Es extraordinario. Y el de la amistad es precioso. (Este capítulo se adentra en la filosofía sobre la amistad y habla del libro On friendship, de Alexander Nehamas. Compara la amistad a un lienzo, por medio del cual, uno va explorando su individualidad, carácter y estilo). La amistad uno solo la siente, pero desentrañar la filosofía detrás es lindísimo. Con ocasión a esto, ¿Quién es su mejor amigo o amiga y por qué?

 

OIZ: Mis dos grandes amigos son Luis Alfonso Hoyos y Fernando París. Hemos construido distintos proyectos de vida y tenemos una relación honesta, transparente e íntegra. Hay un sentido de apoyo y de trabajo y no hay intereses más allá de una relación personal. En las dificultades que hemos vivido, siempre nos hemos apoyado y hemos estado unidos. Por medio de ellos veo el sentido y el valor de la amistad.

 

FJ: Una diferencia con la campaña presidencial del 2014 y la de este año es que no existía TikTok, pero esta vez pudimos verlo bailar, echar perfume por la casa y hasta tocar el pito de un camión. Su hija, Juliana, o “la hija del man”, le ayudaba en este tema. ¿Cómo fue la experiencia de hacer campaña cerca a su hija?

 

OIZ: Juliana había terminado su carrera de Filosofía en la Javeriana. Entonces yo le propuse que me acompañara en la campaña. Mis otros dos hijos están afuera y para mí era muy importante porque con ella tengo absoluta confianza y en una campaña uno queda muy solo en su parte personal y familiar. Cuando estamos lejos, me hace mucha falta mi familia. Fue una oportunidad fantástica. Ella me decía que la gente me percibía como un tipo serio y bravo. Me decía: “Papá, es que tú no eres así”.  A través de las redes encontró la oportunidad de mostrar quién era yo en la vida real, porque yo mamo gallo y en la casa todos somos muy relajados.

 

FJ: En la gira por Colombia que hizo mientras hacía campaña, ¿qué le sorprendió?

 

OIZ: El avance en el narcotráfico. Aterrador, aterrador, aterrador. Hice un recorrido que fue muy impactante. En una semana estuve en Arauca, luego fui a Cúcuta, bajé a Popayán, fui a Pasto y a Cali y, a la semana siguiente, me fui por todo el Urabá Antioqueño. Llegué muy impactado. Tuve la oportunidad de ver la amenaza seria y real que tiene el país. Se ve una bonanza y ostentación económica, producto del narcotráfico. Está afectando los intereses de las comunidades más vulnerables. Y ocurre en las regiones más apartadas. Entonces aumenta el conflicto social, la inseguridad y crea un fraccionamiento del país.

 

FJ: ¿Por qué quería ser presidente?

 

OIZ: Siento que puedo ayudar a solucionarle problemas a la gente y esa era mi obsesión. Yo soy un hombre de acción y de trabajo, no de discursos. Lo hice cuando fui alcalde, lo hice cuando fui senador, y lo hice cuando fui ministro de hacienda. Hacerlo como presidente significaba la posibilidad de hacer cosas en materia de educación, salud, vías y de emprendimiento. Todo lo que yo propuse estaba dirigido por el deseo de poder servir, haciendo cosas para ayudar a construir mejores posibilidades, más plata para las familias colombianas y mejores condiciones de vida. Esa era mi obsesión.

 

FJ: ¿Qué le admira a Gustavo Petro?

 

OIZ: Creo que hay que reconocerle su persistencia. Él tiene una visión y cree firmemente en ella; la defiende y ha sido absolutamente persistente y constante en su lucha y en su trabajo.

 

FJ: ¿Y a Sergio Fajardo?

 

OIZ: Es un hombre que se ha preparado y le ha servido al país y también ha buscado, por todos los medios democráticos, llegar a la presidencia. También ha sido un hombre muy constante en lo que es y en lo que cree.

 

FJ: ¿Y a Juan Manuel Santos?

 

OIZ: Con Santos tengo un sentimiento contrario porque es una persona que le ha hecho mucho daño al país. Es tramposo y maquiavélico. Tengo un sentimiento de decepción profunda por todo lo que sucedió. Primero fuimos compañeros de Gobierno y tenía una imagen completamente distinta, pero después de verlo como presidente y confrontarlo en campaña cambió mi percepción. Con el montaje del hacker pude ver su capacidad de hacer daño para afectar mi campaña.