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OPINIÓN

Contra la coca, asfalto 

Por: Sofía Tafur 

Hoy producimos y exportamos más droga que en los ochenta y noventa, cuando los carteles de narcotráfico andaban como Pedro por su casa. Según la UNODC, seguimos ocupando el trágico podio de mayor productor de coca en el mundo y de 2020 a 2021 el área sembrada incrementó en un 43%, alcanzando las 204.000 hectáreas sembradas. En comparación, tenemos 974.000 hectáreas de café sembradas (Federación de Cafeteros, 2022), por cada cinco hectáreas de café sembradas, una de coca. ¿Cómo no hemos podido diseñar una solución viable en más de cuarenta años de guerra contra las drogas? El gobierno colombiano ha buscado soluciones al problema como la erradicación manual y la erradicación con herbicida de los cultivos, sin mucho éxito.  

Ahora, ¿Quiénes son los cultivadores?, los cultivos de coca se localizan en los territorios del país con mayor vulnerabilidad. El 62 % se concentran en Nariño, Norte de Santander y Putumayo (UNODC, 2022). Por lo tanto, son los campesinos, afros e indígenas los principales cultivadores de coca. De hecho, COCCAM afirma que la coca es el sustento de más de 230.000 familias campesinas en Colombia. El cultivo de coca es endémico, junto con la pena de muerte que en muchos casos conlleva. Esto es consecuencia de la (híper)centralización territorial de nuestro país. La falta de oportunidades conjugada a la rentabilidad de la hoja de coca, hacen de este cultivo una decisión perfectamente racional para miles de familias campesinas, sobre todo frente a otros cultivos legales como la piña, el banano o el cacao. Pero la problemática va más allá. ¿Qué hace tan rentable el cultivo de coca?, o más bien ¿qué hace inviable para los campesinos la sustitución por cultivos legales?: la poca conectividad para su comercialización. Si sobreponemos el mapa de la red nacional de carreteras con el mapa de concentración de los cultivos de coca en el país, donde hay mayor densidad de cultivos ilícitos, las vías terrestres brillan por su ausencia.  

Declarándole la guerra a la mata de coca estamos atacando el síntoma, más no la enfermedad. La enfermedad prospera y se desarrolla frente a nuestras narices - o pues las de los gringos. El rotundo fracaso de las políticas públicas es muestra del error de diagnóstico. Hay que cambiar el enfoque e involucrar al actor más vulnerable: el cultivador.  Los multimillonarios carteles mexicanos, les garantizan a los campesinos colombianos un ingreso fijo de entre uno y dos salarios mínimos por su producción, mientras que la cocaína mueve casi 6 billones de dólares al año. Los cultivadores de coca son la base de la cadena de producción, pero perciben las migajas. Queda claro que el problema no es la codicia del campesinado sino la necesidad de subsistencia y el instinto de supervivencia. La falta de infraestructura vial en las regiones cocaleras dispara los costos de transporte de carga por carretera. Esto aumenta los costos de producción del agroalimentario, impagables para los pequeños campesinos. Sin vías pavimentadas que permitan la conectividad de las periferias rurales con sus centros urbanos, los costos de logística son un flagelo y la alternativa de sembrar cultivos lícitos, una condena a la insolvencia y al hambre. Mientras que los carteles aseguran el transporte de su materia prima en  4x4 o helicóptero, gracias al margen que sacan del comercio de cocaína.  

Los factores estructurales que intervienen en la siembra de coca en Colombia son numerosos, pero empecemos por atender este. Creo que la clave para la erradicación de cultivos ilícitos en Colombia es la sustitución por cultivos lícitos, pero esto no es posible sin una red vial completa, de calidad e incluyente de los territorios aislados por los clivajes económicos, sociales y políticos. Palabras más palabras menos: contra la coca, asfalto. 

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