CULTURALES

2019-III

Arte, cultura, medio ambiente y progreso…

LA BELLEZA OCULTA ENTRE EL MIEDO

Tres ejemplos de zonas estigmatizadas por su contexto que tienen mucho por ofrecer. 

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Por: Isabel Castrillón

La joven Celia no podía estar más feliz. Había decidido formar un proyecto de familia con su esposo y un hijo que estaba por nacer. Su gran deseo era tener casa propia. Como la pareja se caracterizaba por ser muy emprendedora; por una parte, tenían su propia sociedad familiar; y por otra, optaron por comprar un lote donde construyeron su casa, localizada en el barrio Eduardo Santos de Medellín, en una zona rodeada por quebradas y abundante vegetación. En el ambiente se percibía una mezcla entre la tranquilidad del campo y la cercanía con la ciudad. 

Cuando Celia decidió contarle a su familia, notó cierta incomodidad. Su familia cuestionó su decisión de construir en aquel lugar por una razón: se encontraban ubicados en la comuna 13. Pese a que no todas sus zonas son peligrosas, y a pesar de la tranquilidad alrededor de su casa, el aire puro que se respira y lo bonita que se ve la ciudad desde allí, el miedo opacaba todo esto, debido a que esta comuna es famosa por problemas de violencia.

 

Sin embargo, Celia mantiene su hogar con orgullo; a pesar de que aún existen zonas que se encuentran afectadas por la violencia, las pandillas, entre otros, la comuna 13 tiene más por ofrecer que la cara negativa que usualmente muestran las noticias. Regularmente motiva a los visitantes a conocer los grafitis de la comuna 13, las escaleras mecánicas, y diferentes proyectos sociales que se destacan por incentivar el arte y la cultura. A Celia le agrada mostrar que a pesar de las duras realidades que se viven en algunos sectores de la comuna, vale la pena rescatar el progreso de la misma. La historia de Celia se identifica con la de muchos colombianos que viven diariamente procesos de estigmatización, porque se olvidan de los aspectos positivos que dichas comunidades se esfuerzan por resaltar en medio de las circunstancias. 

La segunda historia ocurre en “El Triángulo”, cerca de los cerros orientales de Bogotá. Algunas zonas ubicadas dentro de este sector presentan problemas relacionados con el reordenamiento territorial, dificultades de acceso, precariedad de los servicios públicos y problemas sociales que hacen que sea considerada como una “zona perdida”. Sin embargo, la comunidad, con la ayuda de líderes sociales, lucha por el asentamiento de sus hogares por medio del desarrollo de un ecobarrio, como una alternativa ambiental de las localidades ubicadas en los cerros orientales. A través del ecobarrio se establecen proyectos de agricultura, huertas, estructuras de guadua, un mirador espectacular de la ciudad y un olor a eucalipto que impregna el aire. Con esto, sus habitantes buscan visibilizar el desarrollo positivo, así como generar conciencia del cuidado del medio ambiente.

La última historia tiene lugar en la región del Catatumbo, ubicada en Norte de Santander. Esta zona ha sido históricamente una de las más afectadas por el conflicto armado en Colombia. Las violaciones de Derechos Humanos de las que han sido víctimas los miembros de la comunidad y líderes sociales no tienen nombre, en medio de la indiferencia de distintos gobiernos cuya propuesta es erradicar ciegamente los cultivos ilícitos, sin prestar atención a otros problemas estructurales. Es importante resaltar que, a pesar de estos inconvenientes, sus habitantes no se rinden en la lucha por exigirle al gobierno mayor presencia en la región, y propenden por resaltar una cara amable que muchos desconocen. En el Catatumbo se ha buscado fomentar proyectos productivos de cacao, maíz, lácteos, entre otros; existe la esperanza de fomentar el ecoturismo, promocionando zonas como el Parque Nacional Natural Catatumbo Barí, la reconstrucción de su cultura, la memoria de sus habitantes ancestrales y su identidad. 

 

Las tres historias relatadas, a pesar de que ocurren en contextos diferentes, tienen algo en común: obedecen a zonas que han estado en una constante pugna contra la estigmatización. En medio de las crudas realidades que viven algunos sectores, se encuentra la cara positiva de líderes que buscan resaltar la belleza detrás del miedo, para demostrar que no debemos estigmatizar la totalidad de un lugar, porque aún hace falta mirar más allá, y ver que existen personas dispuestas a resaltar el potencial de sus comunidades, y, sobre todo, por mostrar que hay esperanza. Es momento de reflexionar sobre esto, para entender por qué se exige mayor presencia del gobierno, por qué se marcha por los líderes sociales, y promover las cosas buenas de nuestro país. 

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